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LA CONSTRUCCIÓN DE REFUGIOS Y SU PROLIFERACIÓN EN ESPAÑA[1]
A pesar de que en España estas construcciones nos puedan parecer extrañas, singulares o fuera de lugar, en la mayoría de países europeos, así como del resto del mundo, los refugios son considerados como elementos de seguridad esenciales para cualquier ciudadano, llegando incluso a ser obligatoria su construcción y estar legislados en sus constituciones.
No hay ni porque comentar el caso de Estados Unidos, el cual, antes de los ataques del 11 de Septiembre ya contaba con cien millones de plazas en refugios, o de Rusia (con plazas para cubrir más de un 70% de la totalidad de su población) o China, en los cuales la construcción de refugios es una práctica habitual que se lleva fomentando desde hace más de 70 años desde todos los estatutos de la sociedad.
En el ámbito europeo, y con la salvedad de España y algún que otro país con escasos recursos, la construcción de refugios también ha sido práctica habitual desde mediados del siglo XX. Dinamarca y Finlandia, por ejemplo, tienen leyes que regulan la construcción de refugios, contando en ambos países con más de dos millones y medio de plazas (muchas de ellas bajo roca, lo que aumenta considerablemente su efectividad), siendo habitual que existan refugios en todos los bloques de edificios, gimnasios, restaurantes, escuelas, etc. Noruega es otra nación donde la construcción de refugios resulta obligatoria. Cuenta con, aproximadamente, un millón y medio de plazas en refugios privados y 180.000 en públicos. En Suecia la legislación de la construcción de refugios es, si cabe, aún más severa por parte de los poderes gubernamentales, dispone de mas de siete millones de plazas (suma que podría asegurar la protección del 80% de los habitantes del pais), además resulta obligatorio que cualquier empresa disponga de un refugio atómico para sus trabajadores. Pero especialmente curioso es el caso de Suiza, donde existen más de 230.000 refugios, con capacidad para seis millones y medio de personas (aproximadamente el 110% de su población). Como se puede observar, cualquier arquitecto técnico o ingeniero de la construcción que buscase trabajo en Europa se encontraría en clara desventaja en cuanto a sus homólogos europeos en lo que respecta a este tipo de construcciones.
En España la proliferación de refugios nucleares ha sido menos prolija. Ello se puede achacar a nuestra mentalidad más preocupada por los aspectos sociales, a que nunca nos hemos sentido objetivo de un ataque bélico por parte de potencias nucleares o expuestos a accidentes nucleares de nefastas consecuencias, así como a que en nuestro país no existe ninguna ley que regule la construcción de refugios comunitarios (en escuelas, hospitales, hoteles, zonas de trabajo, etc.) o individuales como ya hemos visto que ocurre en países del norte de Europa o de otras zonas del mundo. Aún con todo, como individuos, siempre hemos sentido la necesidad de sentirnos seguros y de proteger no solo a nosotros mismos sino también a nuestras familias. Es por ello que desde la década de los ochenta los refugios se han fomentando entre la sociedad pudiendo contabilizar su alcance en más de 500 construcciones. Si no estamos acostumbrados a ver in situ este tipo de construcciones es por el echo de que sus dueños (la mayoría de ellos se construyen en viviendas privadas) lo guardan en el más absoluto secreto, así como las empresas y gabinetes de ingeniería que los construyen. A pesar de todo ante una catástrofe nuclear o de cualquier otra índole de graves consecuencias tan solo unos 20.000 españoles estarían protegidos (aproximadamente un 0.04% de la población total), siendo Madrid y Barcelona las ciudades líderes en cuanto al número de refugios construidos.
Se han tomado estos refugios ya construidos en España como punto de partida para determinar el nivel de seguridad en el refugio de ejemplo que se expone en este proyecto. Este nivel equivale a que resista el impacto de una bomba de un megatón a 1.200 metros[1] de distancia (superando los niveles de seguridad actuales para los que se diseñan los refugios en Suiza[2] y otras partes del mundo). Además no solo se ha diseñado para soportar ataque nucleares, bacteriológicos y químicos, sino también para aguantar el impacto de huracanes, terremotos, meteoritos, tornados, grandes fuegos, etc.
[1] Dato extraído del artículo “cuando la vivienda se convierte en un bunker” de Miguel Oliver García, revista Cercha número 71.
[2] Capítulo II, el bunker: características y disposición de sus elementos.
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